jueves, 19 de junio de 2014

TORMENTA

No sé, nunca creí en la casualidad, pero la mayoría de las veces que me rompo, el cielo truena. Llueve lo justo, poca cosa como yo, pero truena como si lo hiciera por mí. Y yo retumbo por dentro, y algo me calmo, pero el centro sigue siendo negro.

Soy sangre. Soy mujer que se asoma a un pozo sin deseos iluminados por la luna.

Y me trae un olor que me recuerda lo mucho que me gusta que truene. Ni de pequeña me dieron miedo los rayos y el sonido poderoso del choque en el cielo.
En realidad, tenía otros miedos. Ella me arropaba.

Soy trozos, unas veces de cristal, otras de hierro oxidado y otras trozos de mí.

Y termina la tormenta, se va alejando y yo ya la echo de menos aún cuando ni terminó de despedirse. Me deja tranquila pero con ganas de más, como todo lo que se adora con el alma, como a ti.

Soy dueña de nada, señora de nadie, dulzura en rojo que se lamenta y ojos de un pozo negro donde sólo la luna brilla.

ABruxa

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