Me asumí como costumbre,
animal sin salida enjaulado,
círculos de tiza, en el suelo,
delimitando mi pequeño espacio.
Se buscaban razones,
fantasmas;
se buscaban agujeros
donde reposar en calma.
Me hería por dentro,
por fuera callaba,
no soñaba por las noches
por no molestar a las hadas...
La niña de los ojos tristes,
la princesa encerrada.
El castillo inexpugnable,
los silencios, la palabra.
Ellos, foso embarrado,
yo, obediente, desarmada.
Agachando la cabeza
sin desafiar a nada.
Poema de la buena hija,
la sumisa y despiada,
la que todo lo recuerda,
la que no ha olvidado nada.
LA BUENA HIJA...
ResponderEliminarpreciosos, es una alma desnuda.
Gracias. .. lo es, un saludo.
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